Doctorado, Experiencias

Biólogo por vocación…

DSC_KikeSi crees que sientes vocación por tu trabajo, con esta entrada seguramente te sientas muy identificado. Viene de la mano de Kike Ledesma, contratado predoctoral en la Universidad de Alcalá, sumido en los Medios Subterráneos Superficiales (MMS). De nuevo, una persona especial en Biotura, pues ha sido compañero de muchas batallas, y aunque ahora cada uno por un camino… ¡seguiremos compartiéndolas!

¡Mamá, quiero ser entomólogo!

“Por lo general, uno en su niñez no piensa “de mayor voy a ser científico”. De hecho, ni siquiera comprende que es la ciencia. Sin embargo, ciertas inquietudes y pasiones ya empiezan a nacer a esa joven edad. En mi caso, zoólogo de vocación, recuerdo los primeros días de vacaciones en el colegio y a mi padre diciendo año tras año: “Nos vamos al pueblo”. Me faltaba tiempo para preparar una mochila demasiado pequeña para todos los botes que quería cargar en su interior: ¡iba a coger “bichos”! Pasaba las calurosas tardes del periodo estival entre matorrales y malezas, echando la mano a todo lo que podía, desde saltamontes y escarabajos hasta lagartijas y ranas. Tomaba mis primeros apuntes “Las lagartijas salen a tomar el sol y las salamanquesas a comer por la noche; las arañas hacen telas y tienen ocho patas y los ciempiés menos de cien”. Y es que por ese entonces, lo que no sabía es que había nacido un biólogo en mi interior.

Durante todo el periodo escolar sabía que mi futuro estaría relacionado de alguna u otra forma a trabajar con animales, pero no fue hasta el bachillerato cuando descubrí la ciencia de la vida. ¡Se abrió un mundo ante mí! Me alucinaba la complejidad en la que la célula hacía que, junto con sus semejantes, todo funcionara. Las clases de Biología volaban ante mis ojos y antes de darme cuenta había acabado la clase y deseaba que llegara el día siguiente para continuar por donde se quedó la replicación. Y llegó la hora de elegir qué carrera estudiaría… Una decisión importante ya que iba a dedicar un buen puñado de años a hincar codos sobre innumerables materias y a determinar la dirección hacia donde iba a dirigir mi futuro profesional. Antes de querer darme cuenta ya había aplicado para Biología en todas las universidades de mi entorno. Y llegó el primer día de clase… Matemáticas, Física y Química inorgánica, lo que en mi caso se traduce como: ¡¡¡horror, terror y pavor!!! Siendo sincero, tuve muchas dudas al principio y en varias ocasiones pensé: “¿Dónde me he metido? Mejor lo dejo que esto no es lo mío. Menos mal que para compensar esas asignaturas, estaban la Zoología y Botánica o las que yo denomino: mis tablas salvavidas, porque sin ellas no me hubiera mantenido a flote. Junté estos tablones con los que vinieron después, teniendo cada vez más claro que encajaban unos con otros, y cuando miré de refilón tenía en mis manos lo que parecía un barco.

Con ese navío surqué los cuatrimestres y almacené mis conocimientos hasta hacer puerto en la asignatura de Artrópodos. Este fue mi segundo despertar, no solo por lo interesante de la materia, si no por la labor docente del profesor (mi actual director de tesis), que nos seducía con cada palabra y transmitía pasión en cada clase… y yo me empapaba y filtraba todo lo que me contaban como si fuese un porífero, y volví a tener 6 años. Disfrutaba tanto que un día decidí pasar por el Laboratorio de Entomología y le dije al profesor: Quiero estar en contacto con la Biología de verdad, fuera de los libros, ¿puedo colaborar con vosotros? Y así comencé a hacer mis pinitos en el mundo de la entomología. Por ese entonces compartía clase y laboratorio con la persona que me ha invitado a contar aquí mi experiencia y con la cual guardo numerosas vivencias. Esta etapa ha sido la más motivadora y pedagógica que he tenido en mi recorrido como entomólogo, tanto en el laboratorio como en el campo. En este hábitat he vivido mis mayores alegrías (mis primeros muestreos, publicaciones y contratos como personal investigador) y mis momentos de mayor frustración (uno en el ámbito científico siempre se siente inferior al resto de personas que le rodea).

Tras licenciarme y después cursar un máster tomé la decisión más difícil y arriesgada que he tomado hasta la fecha: matricularme en el plan de doctorado. Para mucha gente, teniendo en cuenta estos tiempos que corren, hacer un doctorado es sinónimo de perder el tiempo, pues tras recibir el título de doctor hay pocas posibilidades de permanecer en la investigación (por lo menos de forma remunerada), pero es lo que yo quería hacer. Finalmente, todo este periplo ha desembocado en mi situación actual: estudiante predoctoral en su tercer año de estudio intentando hacer un currículum suficientemente competitivo para tener armas con las que luchar después de la defensa. Para mí, este último tramo de mi vida en la ciencia ha sido un camino de rosas en el sentido más estricto de las rosáceas, unas plantas muy bellas, pero llenas de espinas. Ahora solo tengo una cosa en mente: “¿Qué me deparará el futuro?” No tengo ni la más remota idea, pero una cosa tengo clara, no me arrepiento en absoluto en haber realizado este viaje… es mi pasión.”

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1 comentario en “Biólogo por vocación…”

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